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domingo, 16 de junio de 2013

STA FE: El fenómeno de los raídes delictivos se está instalando en los pueblos

Escruches y robos a mano armada, algunos muy violentos, sacuden a poblaciones hasta ahora tradicionalmente tranquilas y pequeñas localidades de la provincia. La gente de Villa Eloísa reclamó mayor prevención de los delitos.
La Capital | 
El fenómeno de los raídes delictivos se está instalando en los pueblos

 Los delitos reiterados contra la propiedad, ese fenómeno que hasta hace poco estaba reservado para las grandes urbes, parecen ir trasladándose a las pequeñas localidades de la provincia, esas donde la gente dejaba la puerta abierta o ni se le ocurría enrejar las ventanas.
Escruches, atracos en residencias con sus habitantes adentro, algunos violentos, han sacudido en los últimos tiempos a distintos pueblos, y generado protestas y movilizaciones. En algunos casos, fueron esclarecidos; en muchos otros, se cometen bajo la mirada incrédula, sino cómplice, de la policía.
Maciel, Clarke, Fuentes, Pujato, Franck, Serodino, Villa Eloísa, El Trébol y María Susana son apenas algunos de los ejemplos. Pueblos que podían recordar algún crimen aislado que se les metió en la historia, pero donde la vida continuaba su ritmo cansino. Pueblos cuyos habitantes ya no se sienten seguros, que inauguran una nueva y deteriorada forma de vida. De lo que les pasa, de lo que piensan y sienten esos vecinos, habla este informe.
Metidos en las casas. Unos veinte robos en domicilios particulares sin aclarar encendieron en los últimos meses la alarma entre la población de Maciel, cuyos habitantes ven entre el asombro y la indignación que la policía no logra esclarecer ninguno de estos atracos. La mayoría de los escruches son en las casas y tienen el mismo estilo: buscan dinero y para encontrarlo revuelven todo. Entran forzando aberturas cuando sus propietarios no están y, en varios, los ladrones se han llevado importantes sumas de dinero, además de joyas y otros objetos de valor.
Maciel tiene 10 mil habitantes, a quienes los robos los tienen acobardados. A tal punto que los dueños restaurantes y bares se han quejado porque están prácticamente paralizados, ya que los particulares prefieren quedarse custodiando sus casas para no dar oportunidad a los maleantes que están pendientes de los movimientos de los moradores.
Otro damnificiado ha sido el frigorífico local, que en los últimos meses y en varias ocasiones recibió visitas indeseadas: se llevaron máquinas, herramientas, cables y un acondicionador de aire, y generaron destrozos en el lugar.
Lo curioso es que siempre intervino la policía, pero muy pocas veces logró dar con los autores, por lo que la localidad recurrió inéditamente a la colocación de alarmas, rejas y otras medidas de seguridad. "Es una vergüenza. Siempre fue un pueblo tranquilo. A mí me entraron a robar en septiembre del año pasado y la policía no fue capaz ni siquiera de tomar huellas, y menos mi denuncia. Muchas veces fui a la comisaria y siempre me dieron una excusa diferente. Lo peor de todo es que me preguntaban a mí si tenía idea de quién podia ser. Terrible, nadie hace nada para mejorar todo esto, vamos para atrás", opina en la web de La Capital una lectora identificada como Silvana Allione, vecina de esa comuna.
Los comentarios plasmados en el sitio de este diario dan cuenta además de que la ola de robos también alcanza a Serodino, como asegura en su comentario otra vecina, posteada como Sonia Costabella: "Es aberrante que en un pueblo donde todo el mundo se conoce pase esto. En Serodino también está pasando, y en muchos lugares más donde hasta no hace mucho se vivía de manera tranquila y segura", escribió.
Extraña presencia. Acaso el hecho de "ser pocos y conocerse mucho", corre a favor de los vecinos de las pequeñas localidades. En febrero último, en Humboldt, los habitantes notaron que circulaba un auto de alta gama al que nunca habían visto. La policía tenía su descripción porque las víctimas de tres casas desvalijadas en esta localidad y dos en Esperanza vincularon a un Alfa Romeo color claro como el vehículo utilizado para realizar los atracos.
El auto fue interceptado en la ruta provincial 70 y sus ocupantes, dos cordobeses de 19 y 37 años que llevaban consigo una fuerte suma de dinero, fueron detenidos. El ardid se terminó de desbaratar cuando la policía comprobó que los ladrones habían depositado los elementos sustraídos en la estación terminal de ómnibus de Esperanza, con el objetivo de enviarlos a Córdoba por encomienda.
En Frank, el episodio delictivo más sonante se dio a principios de febrero, cuando maleantes al parecer oriundos de Santa Fe a bordo de motocicletas robadas en esta comuna ubicada en el centro-este de la provincia, protagonizaron un raid delictivo, rompiendo vidrieras y llevándose dinero y artículos de todo tipo de al menos media docena de locales. Los autores de estos hechos serían menores de edad, los mismos que días atrás robaron cuatro motos en esa localidad y en Esperanza, y una tienda de indumentaria en la población más pequeña.
Pueblada en Fuentes. La pequeña localidad de Fuentes, ubicada a sólo 15 kilómetros de Casilda, fue escenario a mediados de abril de una ola de robos contra la propiedad que derivó en una pueblada en demanda de mayor seguridad.
   Los pobladores tuvieron que soportar una realidad a la que no estaban acostumbrados. Varias viviendas fueron blanco de actos delictivos, especialmente los fines de semana, cuando no estaban sus dueños. Y si algo faltaba para acrecentar el malestar social, dos casas fueron robadas mientras se desarrollaba la protesta que culminó con una concentración frente la comisaría local.
   Pero finalmente la presión social arrojó buenos resultadas al instrumentarse una serie de medidas que le devolvieron la tranquilidad a esta comunidad de 3 mil habitantes perteneciente al departamento San Lorenzo. “Es llamativo que la situación se haya normalizado luego de los cambios de personal que se realizaron en la comisaria”, dijo a La Capital el jefe comunal, Norberto Contrucci, aunque reclamó más recursos humanos y equipamiento para mejorar el patrullaje.
    “Cuando ocurre algún problema de inseguridad —reflexionó el mandatario fuentesino— se suele destinar más efectivos para cubrir los huecos, pero cuando la situación mejora los refuerzos son mandados a otros lugares que necesitan y todo vuelve a ser como antes”.
   Similar panorama vivió hace poco tiempo Pujato, también del departamento San Lorenzo y vecina a Casilda, con esta modalidad delictiva conocida como escruche. “Seguramente hubo algún entregador que facilitó los hurtos y robos en casas que estaban sin ocupantes”, opinó el jefe comunal, Mario Gatti, quien se mostró preocupado porque “aún no fue esclarecido ninguno de los episodios” que tuvo en vilo a los pujatenses.
   Gatti reclamó “más personal policial para atender las guardias nocturnas”, que son cubiertas actualmente con dos policías por turno. “Hay tres móviles —explicó— que en los horarios de guardias están desaprovechados al no haber suficiente recursos humanos”.
   Son algunos ejemplos. En otros lugares, los robos estuvieron signados por una violencia inexplicable para los habitantes, como en María Susana y el Trébol, donde hubo víctimas fatales (ver nota aparte). Y en Villa Eloísa, los vecinos se movilizaron recientemente después de una seguidilla de robos. En muchos casos se sospecha (alguno se descubrió) de bandas que vienen de ciudades grandes para aprovechar la tranquilidad de estos pueblos donde la gente ha sido históricamente confiada. Ahora, los vecinos ven atónitos este nuevo fenómeno. Los pueblos ya no son tran tranquilos.

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